El juez observó la sala. El juicio había transcurrido exactamente como esperaba. Pero lo que no esperaba era que su peluca hubiese quedado atrapada entre la silla y el escritorio. Al ponerse en pie, con su metro ochenta, la peluca resbaló de su cabeza calva. De repente, una docena de periodistas lo vieron y empezaron a fotografiar la marca de nacimiento en forma de estrella sobre su oreja izquierda.